América Latina es una región con un mosaico vibrante de culturas, tradiciones, historias y costumbres únicas que han sido transmitidas de generación en generación. En esta serie, exploramos algunas de las expresiones vivas más arraigadas del patrimonio cultural intangible de Brasil y Perú. Desde melodías, danzas y ceremonias ancestrales hasta técnicas artesanales y delicias culinarias, descubriremos cómo mantienen su esencia y se integran en el mundo contemporáneo. Hoy comenzamos un viaje por la herencia viva de estos antepasados.

La danza de las tijeras se ha venido interpretado tradicionalmente por los habitantes de los pueblos y las comunidades quechuas del sur de cordillera andina central del Perú y, desde hace algún tiempo, por poblaciones de las zonas urbanas del país. Esta danza ritual, que reviste la forma de una competición, se baila durante la estación seca del año y su ejecución coincide con fases importantes del calendario agrícola. La danza de las tijeras debe su nombre a las dos hojas de metal pulimentado, parecidas a las de las tijeras, que los bailarines blanden en su diestra.
Los bailarines, que llevan atuendos bordados con franjas doradas, lentejuelas y espejitos, tienen prohibido penetrar en el recinto de las iglesias con esta indumentaria porque sus capacidades, según la tradición, son fruto de un pacto con el diablo. Esto no ha impedido que la danza de las tijeras se haya convertido en un componente apreciado de las festividades católicas. Los conocimientos físicos y espirituales implícitos en la danza se transmiten oralmente de maestros a alumnos, y cada cuadrilla de bailarines y músicos constituye un motivo de orgullo para los pueblos de los que es originaria.
La danza de las tijeras fue incluida en 2010 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).